La alianza eterna

¿Has sentido alguna vez que algo estaba mal? ¿Has presentido que algo podría dañarte a ti o a los que te rodean? ¿Tenemos instintos morales así como los animales poseen instintos físicos?

Cada año los graznidos de los gansos me hacen levantar la cabeza para observarlos. Su poderoso vuelo e impresionante formación siempre me han maravillado. Su común e innato patrón de comportamiento se llama instinto. Los gansos saben cuándo es el momento de partir. No han sido creados para soportar el frío y duro invierno del norte. Morirían si no obedeciesen el instinto que les urge a volar hacia el Sur.

Es evidente que dentro de sí mismos tienen el conocimiento necesario para sobrevivir y multiplicarse. A diferencia de los seres humanos, los gansos no tienen elección, solo pueden obedecer sus instintos. Si la tuvieran, los que eligieran no emigrar perecerían. Por esto les ha sido dado un instinto irresistible.

Si tal desobediencia se extendiese entre los gansos, pronto estarían al borde de la extinción. Habrían roto la alianza que su Creador hizo con ellos.

Para los animales esta alianza podría expresarse muy simplemente: "Haced esto (obedeced vuestros instintos), y viviréis".

El Hijo de Dios dijo:

"Mirad, los pájaros del cielo no siembran, ni cosechan, ni almacenan en graneros pero vuestro Padre celestial los alimenta", y "ni un solo pajarillo cae a tierra sin consentirlo vuestro Padre" (Mateo 6:26 y 10:29).

Estas son palabras de alianza. En una alianza te unes a otro para cuidarle, protegerle y amarle, pase lo que pase. El conocimiento instintivo de los animales es evidencia de la alianza entre ellos y su amoroso Creador.

La naturaleza de Dios es hacer alianzas y al observar la creación, el hombre puede constatarlo. La intrincada trama de la vida, el ordenado ritmo de los días, el calor constante del sol, la belleza de las estrellas, hablan de la gran sabiduría, del cuidado y buen gusto del Creador. Ahora, es obvio que los seres humanos poseen muy pocos instintos físicos. Los bebés no son capaces de hacer prácticamente nada por sí mismos, y les tomará años llegar a la edad adulta. ¿Es que carecemos de conocimiento instintivo?, ¿es que no se ha hecho ninguna alianza con nosotros, las únicas criaturas que pueden elegir conscientemente honrar o no, al Creador?

Todas las criaturas funcionan de acuerdo a los instintos implantados en ellas. Un animal no puede decirte cuáles son y nosotros solo podemos discernirlos por medio de la observación. Considera qué es lo que hay en ti cuando actúas y piensas. Quizá nunca te hayas parado a pensar en cómo reaccionas, pero tus reacciones revelan que posees algo semejante al instinto.

No son irresistibles como los dictados que siguen los animales, sino respuestas naturales que a ti te parecen correctas en una situación dada.

Hay algo en nosotros que tiene el mismo propósito que el instinto en los animales, proporcionándonos el conocimiento necesario para sobrevivir y multiplicarnos. Y más aun, obedecer este conocimiento de lo que es bueno nos da paz y felicidad.

¿Te has percatado alguna vez del respeto que se da a una mujer embarazada? Es normal que le cedan el sitio o que le sonrían y aprecien tanto amigos como desconocidos. Y todo porque lleva un niño en su vientre. ¿Te has fijado en la alegría que acoge al recién nacido? Es una emoción profunda, incontenible, la llegada de nueva vida. ¿Has experimentado alguna vez la realidad de estas palabras?

"Cuando una mujer está de parto tiene aflicción porque ha llegado su hora; pero cuando da a luz al niño ya no se acuerda de la angustia, por la alegría de que un ser humano haya venido al mundo" (Juan 16:21).

¿Te ha conmovido alguna vez el sufrimiento de otra persona, especialmente de un niño? ¡Los crímenes contra los niños son terribles! Es una gran injusticia, porque no han tenido aun oportunidad de vivir.

¿Te has dado cuenta de que en lo más profundo de tu ser lo que deseas de otro ser humano es poder confiar, recibir aceptación y amor? En realidad lo que anhelas es la alianza del matrimonio para ser consecuente con las palabras: "Hasta que la muerte nos separe".

¿Has sentido alguna vez la satisfacción de trabajar duro y ganarte la vida? ¿Es que deseas una vida fácil en la que todo te sea servido en bandeja de plata? ¿Te has percatado de la corrupción moral de aquellos que ''no dan ni golpe''?

Los seres humanos tienen instintos morales y estos son solo algunos de ellos. Son evidencia de la alianza que Dios ha hecho con todos los hombres y mujeres: "Haced esto (honrad el conocimiento instintivo de la verdad que hay en vosotros), y viviréis". Si los gansos no emigrasen hacia el Sur, su especie acabaría por desaparecer, e igualmente, hacer caso omiso de nuestros instintos morales nos lleva a la ruina, a nosotros y a nuestro prójimo.

A diferencia de los animales, nosotros somos responsables de lo que hacemos porque tenemos capacidad de razonar y la libertad para actuar, incluso traspasando esos instintos morales.

Por esta razón el Creador dio a la humanidad el maravilloso don que es la conciencia. Esta es la verdadera causa de nuestra responsabilidad, pues nos alerta antes de que hagamos mal. Es misericordia de Dios que nuestra conciencia tenga además, el poder de condenarnos si vamos más allá de ese aviso.

Este sentimiento de culpabilidad tiene la misión de ablandar el corazón que tuvimos que endurecer para hacer lo que sabíamos que estaba mal. Continuar yendo contra ese sentimiento es incurrir en juicio eterno. La esencia de nuestros instintos morales, y el don de la conciencia constituyen la alianza que Dios hizo con el hombre.

Esta es una alianza eterna que es válida para toda la historia humana de todos los tiempos. Es una alianza de cuidado y protección dentro de la cual hemos nacido. Por ella, las personas se tratan unos a otros con justicia, honestidad y respeto. Por ella limitan su sexualidad al matrimonio. Por ella no permiten que un asesino continúe vivo. La maldad que llena la sociedad demuestra que se ha roto. No solo habrá consecuencias en la próxima vida por haber roto esta alianza, sino que un día, la transgresión deliberada del hombre que salta sus límites, tendrá un efecto devastador en el mundo físico que le rodea.